Política

Alberto, fortalecido, reasumió el control político ante la militancia y recupera las banderas del FdT

Una mulitud desbordó la Plaza de Mayo para celebrar el Día de La Militancia. Un punto de inicio, un volver a empezar de un gobierno golpeado por la pandemia, la economía y sus propias carencias. Pero una recuperación electoral y política está en marcha, Alberto conducirá la aventura hasta 2023

Y lo celebró en la plaza. La militancia recuperó la calle, anduvo de abrazo en abrazo y escuchó a un presidente fortalecido que puso en marcha su segunda etapa de gobierno. Ya con el estrago de la pandemia como un mal recuerdo.

El apocalipsis que pronosticó la derecha política y mediática no sucedió. Por eso la sociedad entendió que la recuperación de votos del FdT, que de todos modos se mantuvo perdidoso en la mayor parte de territorio nacional, dejó abierto el futuro político para el gobierno: tiene una chance para el 2023 y depende de sí mismo. ¿Podrá ese frente político volver nominar el próximo presidente, como lo hizo con cuatro de los últimos cinco?

El repunte en la votación que tuvo el FdT fue numéricamente discreto, sin embargo, por la adversidad que atravesó en esas ocho semanas entre elecciones, la valoración política excede lo numérico. No todas las cuentas son lineales en el ajedrez del poder.

El gobierno pretendió dar vuelta la página de dos años malos, se abrazó con su gente, y ahora depende su propia audacia y talento para refundar el vínculo dañado con el electorado que lo ungió en 2019, con casi 13 millones de votos. Unos ocho millones ratificaron al gobierno el domingo pasado. El presidente agradeció a la militancia y advirtió: “Hay muchos que todavía descreen y están esperando del gobierno mucho más”. Un largo camino de dos años abre la pregunta. ¿Volverá el FdT a convocar la mayoría que consiguió en 2019?

Una calle diversa y masiva, con el presidente como único orador durante 21 minutos, dejó atrás la crisis post Paso: la carta de la ex presidenta, la zozobra, los cambios frenéticos de gabinete, desembocaron en el acto de ayer. El panorama político es otro, aunque los desafíos son enormes. Unidad política garantizada, pandemia resuelta, crecimiento económico disparado hacia arriba, pero graves cuentas pendientes para la mayoría de la base de la pirámide social. Pobreza muy alta, la plata no alcanza, los precios se comen a los salarios.

Alberto lo sabe, y lo reconoció en el diálogo más valioso que ofrece la democracia, el cara a cara con su gente, en la mítica plaza. Vendrán tiempos de un programa económico explícito, con transferencias nítidas que satisfagan las demandas populares y morigeren la brutal desigualdad que se consolidó en los últimos seis años, o Alberto Fernández habrá perdido su oportunidad.

Del Fernández del domingo a la noche luego de la Paso al de este miércoles, hubo un cambio visible. Del hombre derrotado, y sin reacción, al peronista que dará pelea: “¿Por qué celebramos?, el triunfo no es vencer, sino nunca darse por vencidos”, dijo Alberto. Fue el instante donde la plaza se habitó con todas las luchas, con la historia, con los mártires, con las derrotas y también, desde ya, con las celebraciones.

Con todo, un debate clave se abrirá en las próximas semanas en el Congreso y en la sociedad toda, que atravesará los muros del Palacio: la deuda, el FMI, y sus posibles condicionamientos. Como nunca antes, por décadas, la Casa Rosada buscará involucrar a la mayor parte del conglomerado político en un plan plurianual de salida. Se sabe, el presidente pecó de dubitativo, en varios tramos de su gestión, que quizá le costó la caída de su imagen. Un renovado Fernández pareció entender que la “segunda parte” de su gobierno necesitará de otras actitudes, si aspira a quedar en pie.

La oposición, luego de las Paso, lo dio por terminado, y se equivocó. El peronismo siempre tiene una carta más para dar la pelea y sostener su historia de ampliación de derechos. El FdT pretende que sea con su dirigente (presidente) a la cabeza, y no con la cabeza de su dirigente. Como tantas veces, se vienen otros dos años de pasiones y no se descartan los conflictos en la Argentina. El final es abierto, el pronóstico de hoy para 2023, una quimera.

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